Psicobioma, bienvenidos al multiverso
La importancia de la microbiota va más allá de lo que pensamos, incluye hasta como pensamos.
Lic Martín Merlo
4/22/20265 min read


"Profe, el paciente ya no está demente". Así me recibieron un día mis estudiantes en el hospital. Un señor de 77 años, antes tranquilo y cantor de tangos, que de repente se volvió agresivo, decía groserías y hasta orinaba en el pasillo, fue el caso que habíamos discutido la semana anterior. "Será Alzheimer", diagnosticaron. Les pregunté si eso pasaba al atardecer. Sí. Entonces descartemos una infección, les dije, porque en los mayores eso causa delirium. A la semana, con antibióticos, el señor volvió a cantar. Los estudiantes se llevaron una valiosa lección: una infección puede cambiar la conducta de una persona mayor.
El delirium y sus causas era un tema que yo conocía y me fascinaba; cómo una infección en el aparato urinario podía producir una alteración tan radical en la mente de una persona. Pero cuales eran los mecanismos por los que las bacterias que se alojaban en una parte del cuerpo eran capaces de alterar otros tan distantes? Mucho tiempo transcurrió para que pudiera ir reconociendo las piezas de este rompecabezas que lejos de brindar respuestas sencillas, cada vez muestran mayor complejidad. Las primeras respuestas las hallé en las investigaciones sobre interconexiones entre la inmunidad y el sistema nervioso. Pero realmente se abrió ante mí un nuevo universo cuando conocí las investigaciones sobre el psicobioma.
¿Qué es el psicobioma?
Como te contamos antes, la microbiota es la población de microorganismos que conviven en el cuerpo de todos los animales y plantas, descubrimiento ya de por sí extraordinario. Dentro de ese microuniverso, se denomina psicobioma al conjunto de microorganismos capaces de modular de forma específica, la actividad neurológica y la comunicación del eje intestino-cerebro. Este eje forma parte de una red inmensa junto con el sistema nervioso simpático y parasimpático, el sistema nervioso entérico (SNE) y los componentes neuroendocrinos y neuroinmunes del sistema nervioso central (SNC), además del sistema circulatorio. Así, nos hemos encontrado, no con un universo dentro nuestro, sino con un multiverso donde cada universo, de una riqueza y complejidad asombrosas, está interconectado con los otros. El intestino, por ejemplo, posee una red neuronal propia, el sistema nervioso entérico, compuesta por unos 500 millones de neuronas. Para ponerlo en perspectiva, la médula espinal tiene 200 millones. Además, si bien está interconectado, es capaz de operar con una autonomía notable respecto al cerebro, regulando la motilidad, la secreción, el flujo sanguíneo y una cantidad enorme de procesos locales. Si bien sabemos que la comunicación entre ambos es bidireccional, no es simétrica: se estima que alrededor del 80% de las fibras del nervio vago van del intestino al cerebro, y no al revés. Esto significa que el intestino le habla más al cerebro que el cerebro al intestino. Esto es interesante para dejar de pensar en la imagen jerárquica que a veces se transmite del cerebro como “el jefe” que ordena y el resto del cuerpo que obedece. La teoría de los sistemas plantea que en la vida, las cosas no son tan simples. Por ejemplo, hablan en varias “lenguas”, el lenguaje neural, a través del nervio vago y el lenguaje endocrino, a través de las hormonas. En este multiverso falta un tercer componente, la microbiota, un descubrimiento que debería cambiar la forma en que entendemos la vida.
Los otros que son nosotros
La microbiota según la mayoría de los estudios, supera en número a las células del cuerpo humano, unos 40 trillones de inquilinos (un 4 seguido de 19 ceros) frente a 30 trillones de células humanas. Pero ellos no son inquilinos pasivos, son, como bien planteaba Lynn Margulis, trabajadores activos que nos hacen ser quienes somos. Solo mencionaré algunas de sus actividades: participan activamente en la digestión, en la regulación del sistema inmune, en la producción de vitaminas, y, como empezamos a entender con asombro creciente, en la regulación del sistema nervioso central. Por cosas como estas, se amplió el término “eje intestino-cerebro” a “eje microbiota-intestino-cerebro”. No es solo que dos partes del cuerpo se comuniquen, es que los otros que nos habitan son actores fundamentales de esa conversación.
¿Cómo lo hacen? Los mecanismos son varios y aún no están del todo desentrañados, lo cual es una de las razones por las que este campo es tan fascinante. La microbiota produce ácidos grasos de cadena corta que pueden atravesar la barrera hematoencefálica e influir en la producción de neurotransmisores. Sintetiza dopamina, GABA, acetilcolina. Modula el sistema inmune, que a su vez envía señales al cerebro a través de citoquinas. Activa receptores en el nervio vago. Y esto es lo que sabemos ahora, el ritmo de las investigaciones hace que cada año nuestro conocimiento crezca de forma exponencial.
Porque es importante para la psicología (y para ti)
Esto es mucho más importante en nuestra vida diaria de lo podríamos pensar en una primera instancia. Al ser un puente de dos vías, lo que afecte a uno afectará al otro (lo cual es claro desde la teoría de los sistemas) y por lo tanto, si uno está “mal” el otro también se verá afectado; pero sobre todo, si se dará un fenómeno de retroalimentación, donde cada cosa que empeore a uno, empeorará al otro. Veamos un ejemplo; la persona está estresada, la respuesta de estrés implica liberar cortisol, el cortisol altera el psicobioma, esto altera la respuesta de estrés, dejando con menos recursos para afrontarla, lo que lleva a que sea vivenciada como una situación más difícil. O viceversa, la alteración del psicobioma, por una antibioticoterapia muy agresiva o por una alimentación basada en ultraprocesados, reduce la capacidad de afrontar el estrés, lo que inicia la cascada de reacciones que convierte a la situación en insalvable. Es por esto que nuestra intervención conjunta, uniendo psicología y medicina tiene mayor efectividad, otro ejemplo de bucle de retroalimentación que repercute positivamente en tu salud.
Con un gran poder, viene una gran responsabilidad
Entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestro segundo cerebro funcione mejor?. Las investigaciones señalan cuatro pilares que al sustentar la salud de la microbiota, repercuten favorablemente en nuestra salud (porque nuestra salud y su salud son la misma cosa). La alimentación, el ejercicio físico, los hábitos de sueño, lo que incluye el respeto por los ritmos circadianos y la capacidad de gestionar adecuadamente el estrés son lo que cuentan con mayor peso a partir de los estudios realizados. Desde una visión sistémica, podríamos añadir vivir en ambientes sin contaminación, recuperar el contacto con la naturaleza y generar vínculos sanos y enriquecedores con quienes nos rodean. En suma, pregúntate qué estás comiendo, cómo estás durmiendo, como es la calidad del aire y el agua que te rodea, para saber si tu microbiota está siendo cuidada o maltratada. Veamos al ser humano como lo que es, un ecosistema vivo, con un cerebro que flota en un mar de señales que vienen, en buena medida, de su interior más profundo.
Como escribió John Bowlby en otro contexto, pero que aplica perfectamente aquí: “Hemos creado el mundo del revés”. Nos empeñamos en tratar la mente ignorando el cuerpo, y el cuerpo ignorando sus huéspedes más íntimos (y el ambiente donde ese cuerpo está). Quizás sea hora de darle la vuelta y eso es lo que te proponemos desde Medbiota.
Psicobioma, bienvenidos al multiverso
Medbiota
Tu salud, desde lo micro a lo integral.
